Por no saber cazar

Son muchos los perros de caza que cada día son abandonados cuando sus “amos” deciden que ya “no les sirven” para los fines para los que fueron educados. Y lo peor del abandono es que, la mayoría de las veces, se encuentran en un estado lamentable, pues han sido maltratados o torturados por esos que se hacen llamar “sus dueños”, o simplemente abandonados a su suerte por las carreteras y los montes.

Galgos, bracos, pointers, podencos… razas que gozan de gran popularidad debido a su absoluta lealtad, buen carácter y obediencia (por algo fueron elegidos por los cazadores) y, sin embargo, son desterrados y rechazados cuando ya no sirven para cazar. Los perros de caza que nos llegan al refugio suelen presentar el peor estado de abandono y maltrato de todos los casos que tenemos; además, ninguno lleva el microchip de identificación, algo que imposibilita buscar responsabilidades.

En defensa del galgo

En los últimos años se han dado ya algunos pasos para la defensa del galgo en España, ante el ascenso imparable de abandono y maltrato que sufre dicha raza en la mayoría de las Comunidades Autónomas españolas. Concretamente, en Castilla y León se recogieron durante 2005 un total de 400 galgos en estado lamentable y de abandono, cifra que no recoge los que son sacrificados en las perreras municipales o de forma clandestina, en su mayoría por los cazadores o poblaciones marginales. Según las cifras que tiene la Federación Española del Galgo, existen 500.000 galgos en España, pertenecientes a los 180.000 galgueros federados.

En Castilla y León se utilizan los galgos no solamente para la caza sino también para carreras de alta competición: tanto en pueblos medianos y grandes, como en ciudades de más de 5.000 habitantes.

Como en todas las actividades que producen generosos lucros económicos, es un mal endémico y ancestral:
la cría de animales sin control, ni por parte de la Administración ni por las propias federaciones;
la falta de identificación de los animales;
la ausencia del censo de perros en cada municipio por el propio Ayuntamiento;
la dejadez por parte de la Junta de Castilla y León a la hora de vigilar el cumplimiento de toda la normativa que publica;

Todo esto favorece, aparte del abandono, maltrato y demás aberraciones de todos conocidas:
la cría y la venta clandestinas y, lo que es más grave aún,
el exterminio clandestino, tanto por parte de particulares como el que tiene lugar en establecimientos gestionados por empresas privadas a los que se les pide, como único requisito para realizar este servicio, estar declarado núcleo zoológico y tener un servicio veterinario que raramente se controla.
La recogida de galgos “sobrantes” o de desecho se les encomienda a unas pocas entidades privadas, eso si antes no se les ha tirado a los pozos, o se les ha colgado en los montes cercanos.

Existe además una Protectora en la provincia de Valladolid, que recoge galgos de toda la provincia de Valladolid y alrededores a un precio módico, permitido por la federación de caza y las administraciones provinciales, y donde se hacinan los perros por cientos esperando a “ser exportados” a Europa o, en teoría, a una posibilidad de ser adoptados en España.

La protectora huellas

Ante esta situación se nos hará la pregunta de por qué no recogemos nosotros los galgos. Sólamente hay una única respuesta: porque no queremos estar al servicio de galgueros, cazadores y personas desaprensivas, aunque sí al lado de instituciones que hagan cumplir la normativa.

La Protectora Huellas es una Asociación Protectora que existe desde 1984 legalmente constituida. Su albergue fue declarado Núcleo Zoológico en el año 2002, y está registrada como Entidad Colaboradora de la Junta de Castilla y León desde el año 2004 (registro número 001 y único de toda la Comunidad) y en el año 2005 ha sido declarada Entidad de Utilidad Pública.

Actualmente, y desde el año 1998, tiene un convenio sólo y exclusivamente con el Ayuntamiento de Ávila, como asociación a la que se le ha adjudicado el servicio de recogida de animales de compañía en la ciudad: perros, gatos, burros, aves y otros animales abandonados en la ciudad. Aunque recoge también perros en la provincia que por su mal estado, heridos, atropellados, enfermos, o si la situación lo requiere, urge su recogida y se recuperan en el albergue.

Ávila no es ni mucho menos representativa de la situación de los galgos, ya que nuestro albergue está lejos de las zonas de caza con galgo (normalmente en zonas llanas), ni tampoco hay canódromos, de manera que recogemos, en estado de abandono unos 10 ó 15 galgos al año, provenientes en su mayoría de colonias de gitanos. Pero sí somos conscientes de la existencia de caza con rehalas, abundantes en las zonas rurales, y en las que se utilizan fundamentalmente los podencos.

La Protectora recoge anualmente una media de 50 perros de caza y que pueden ser adoptados en su mayoría. Sólamente un 3% de nuestros animales tienen que ser sacrificados por motivos humanitarios. La inversión en tiempo y recursos dedicados a las adopciones es más gratificante y positiva que la eutanasia sistemática aplicada por los Ayuntamientos que disponen de perreras municipales.

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