Miguel Ángel Olmedo Fornas presta voz a los podencos

Ilisha

“Yo, un podenco, perro de buen servicio y grandes afectos, me dirijo a su natural curiosidad y posible interés hacia mis colegas de raza y cruce.

Ustedes adivinan que estas líneas las escribe la persona que me ha adoptado, porque carezco del don de la palabra, y aunque me familiarizo con los lenguajes que me convocan otra cosa es hablarlos y aún más allá expresarme con humana diligencia; pero al mismo tiempo deducen, con razón, que las he inspirado y también, para ayudar a mis semejantes, pedido.

Permítanme que me presente: soy un podenco —a fuer de sinceridad, un cruce de podenco que representa indistintamente y con mucho gusto a machos y hembras— recogido por la Protectora Huellas de Ávila, a quien agradezco me brindara un futuro de hogar, y al cabo adoptado para satisfacción mía y de mis acogedores; dicho esto último con la debida modestia. Nacido cazador, tal es la traza de los podencos, mi caza diaria y preferida es la de voluntades, gratitudes y sentimientos, a los que correspondo con mi carácter doméstico, limpio, tranquilo y ordenado, prudente y comedido, paciente y constante, mis ganas de sumar emociones, con juegos y anhelos recíprocos, y mi afán por recorrer los paisajes del mundo de la mano de quien me lleva y me trae sea cual fuere el medio empleado para llegar y volver —sin excederme en los trasiegos, que la obediencia es el primer mandamiento—, de la mano y ojo de quien me cuida, me enseña, y mutuamente nos protegemos y nos damos vida. Un regalo compartido que deseo eterno.

Porque nada hay para mí, después de poder entregar mi devoción, que supere el beneficio de la tranquilidad: poder dormir sin temor a la inclemencia, a los sobresaltos —y no me refiero sólo a los petardos y a las aglomeraciones ruidosas, que dentro de casa olvido pronto— y a las amenazas es una maravilla; sentir de la mañana a la noche la compañía querida es una bendición. Cuando reina esa confianza nada me asusta y estoy dispuesto a participar en lo que me propongan los míos dispensando alegría y sigilo a partes iguales.

Ya sé que el contenido de la carta es aplicable a todos mis hermanos caninos y, en mayor o menor medida, a todos los seres que pueblan la Tierra; por lo cual y para no reiterarme en virtudes demostrables con el trato, su seguro servidor les ruega que adopten y que al elegir no descarten a los podencos, ni a los cruces de podenco, por faltarnos la fama y los atribuidos talentos de otros perros. No se arrepentirán, les doy mi palabra; y esta vez no es prestada”.

Autor: Miguel Ángel Olmedo Fornas

Ilisha

 

Share Button
huellasadm5Miguel Ángel Olmedo Fornas presta voz a los podencos