Con apenas unas semanas de vida, la encontramos junto a su hermana dentro de una caja, abandonadas no muy lejos de un punto de alimentación en la calle.
Hacía muchísimo calor y estaba infestada de parásitos. Su pequeño cuerpo tuvo que luchar mucho y, finalmente, perdió su ojito derecho.
Pero ella salió adelante.
Después de muchos cuidados, hoy está sana, feliz y preparada para empezar una nueva vida. Sus tests de inmunodeficiencia y leucemia felina son negativos, ya tiene su primera vacuna y, sobre todo, es una gatita cariñosísima.
Ahora solo le falta lo más importante: un hogar tranquilo y unas manos cariñosas que la cuiden y la mimen como se merece.
Su pequeño defecto no le impide hacer una vida completamente feliz. Solo necesita encontrar a esas personas capaces de mirar más allá de un ojito y ver todo el amor que tiene para dar.