Sandaló apareció en el patio de un colegio durante las primeras lluvias de otoño, cuando el frío empezaba a desplazar el calor del verano. Apenas tenía dos meses y estaba empapado y tiritando. Los niños, sorprendidos y enternecidos al verlo tan pequeño y desamparado, lo rodearon con cariño y corrieron a darle un poco de comida. Gracias a ellos, la Protectora pudo acudir para ponerlo a salvo.
Hoy, Sandaló es un gatito tranquilo, muy cariñoso y con un punto de prudencia que lo hace aún más especial. Le encanta sentirse seguro y recibir mimos, y en cuanto te conoce un poquito, te regala los mejores momentos de ternura.
Está listo para encontrar un hogar donde seguir creciendo feliz.