Lo encontramos solo, a las afueras de la ciudad, caminando sin rumbo. Alguien había intentado ponerle un lazo para recogerlo, pero él estaba desorientado, enfadado y claramente asustado. No tenía chip y, aunque ya no es joven, lo que sí tenía era una tristeza que solo vemos en los animales que han sido abandonados lejos de su hogar.
Desde que llegó a nuestro Centro SANTOS, ha ido mostrando poco a poco quién es realmente:
un perro amable, agradecido, tranquilo y tremendamente paciente.
Confía plenamente en nuestras caricias y disfruta cada abrazo como si fuera el primero.
Es un perro de tamaño grande, pero con un espíritu calmado. No necesita grandes paseos ni demasiada actividad: prefiere observar el mundo a su ritmo y llevar una vida serena.
Lo ideal para él sería una casa con jardín, donde pueda moverse libremente sin prisas. Podría vivir en un piso, pero el ascensor podría ser un pequeño inconveniente por su tamaño y edad. Si buscas un compañero noble, tranquilo y lleno de bondad, él está esperándote.
También puedes apadrinar a SANTOS: www.protectorahuellas.org/apadrina